domingo, 1 de abril de 2012

Reflexiones acerca del amor - Primera parte

"A pesar de todo, lo más increíble de las mujeres es que puedan soportar y amar a los hombres." - Nicolás Gómez Dávila


Como experiencia humana, como experiencia de vida, el amar y el ser amado constituye uno de los misterios más insondables y una de las razones más potentes y fundacionales del ser humano. El deseo, la pasión, la voluptuosidad, la carne, se entremezclan en una sola y poderosa sensación que es en gran medida la búsqueda de una aceptación en un medio hostil, o el hallazgo de comprensión mutua cuando las demás posibilidades se encuentran minadas por la voracidad insaciable de un mundo indolente.

Amar y ser amado, como búsqueda, como reto, es la cumbre más alta en la montaña, la realización total, la entrega absoluta, la certeza de saberse y estar completo, de ser el uno para el otro; el momento más cercano a la sensación de divinidad.

La docilidad, la sumisión y la entrega que  implica el amor son la verdadera sensación de estar vivos y por lo tanto la posibilidad más palpable de la bondad. Toda apologética del amor es en gran medida la apologética de la bondad. Entonces, ¿por qué arruinar tan noble sentimiento? ¿Por qué rechazar al otro que se entrega en totalidad? ¿Por qué derrotarse sin luchar? ¿Es el amor una carga abominable?

El amar y ser amado implica un compromiso en donde los involucrados pierden un poco o mucho de su ser, de su individuo, en respuesta a una atención y dedicación recíprocas que validen en buena parte la sinceridad del sentimiento mutuo. Esa pérdida mayor o menor del individuo es la muestra más grande de vocación y entrega y por lo tanto de que alguna manera ese amor es correspondido; es su prueba máxima de garantía. Esa pérdida de la propia identidad constituye, por otra parte, un deseo de ser "indispensable", de ser apoyo para el otro, el deseo de ser aceptado tal y como se es, razón por la cual, el amor verdadero resulta ser la renuncia del "yo" y la aceptación del "nosotros": un reto para personalidades valientes y titánicas.

Es evidente que hay problemas cuando el "nosotros" se decanta por el "yo" y es en ese desequilibrio donde el amor deja de ser entrega, bondad y aceptación y se convierte en una carrera contra el tiempo para no dejar extinguir la llama, para no dejar entrar a la distancia y por la tanto a la indiferencia, que es la medida justa de la caída y del fin.

¿Me entiendes? - Sí, te entiendo
¿Me escuchas? - Sí, te escucho
¿Me amas? - Sí, te amo
Entonces porqué no me hablas como antes - No lo sé

Respuesta lapidaria de un final incontrovertible. La neutralidad emocional es el indicio de la no-entrega y la muestra diáfana del desequilibrio en la balanza. Cuando hay desequilibrio, el amor se convierte en un juego sin emociones en donde sólo aflora cierta presión social por aparentar felicidad y dicha, en donde la neutralidad emocional es la coartada perfecta para evadir las fisuras de lo inevitable, y en donde la neutralidad emocional es una salida fácil a la obligación de luchar. La neutralidad emocional es por lo tanto el artificio de la debilidad para enfrentar la pérdida y la derrota con altura pero también es el recurso de la cobardía cuando la verdad del fin no resulta cómoda o aceptable. 

La neutralidad emocional es incompatible con el amor verdadero porque representa lo contrario a la entrega absoluta y por lo tanto es una negación palpable de la bondad.