domingo, 9 de marzo de 2014

Algunas breves reflexiones sobre el libro Eumeswil de Ernst Jünger

Ernst Jünger (1895-1998)

A las figuras recurrentes del trabajador (der Arbeiter) y del "emboscado" (der Waldgänger), la figura del anarca (der Anarch) resulta definitiva en el entendimiento de la obra literaria de Ernst Jünger (1895-1998), no sólo por sus fuertes reminiscencias autobiográficas, sino también porque plantea de forma contundente una sana posición con respecto al poder (no sólo a su tenencia sino a su anhelo) en tiempos donde no resulta fácil plantear una independencia de pensamiento verdadero. Publicada en 1977 por la casa editorial Klett-Cotta Verlag, la novela Eumeswil presenta la figura del anarca en la persona de Martin/Manuel Venator, historiador y camarero de la alcazaba del Cóndor, tirano de turno de Eumeswil, un lugar imaginario probablemente ubicado en el norte de África. Las relaciones entre el tirano y su subalterno son el principal eje argumentativo de la novela, pero también, son el punto de partida para la exposición por parte de Jünger - en boca de su alter ego literario - de su posición con respecto al ejercicio del poder y de la autoridad, y de los peligros del exceso de uno y otro. Huelga decir que resulta además una obra reveladora con respecto a los acontecimientos históricos más relevantes de las últimas seis décadas.  

Más que un resumen literario o un comentario crítico, pretendo con este breve escrito (redactado a la manera de puntos y temas) dar a conocer una serie de conclusiones a las que he llegado después de la lectura de esta obra definitiva de la literatura alemana. Trato de dilucidar, por otra parte, el poderoso influjo que esta obra tiene sobre mí y sobre mi posición particular con respecto al poder y sus esbirros, además de su conexión obvia con temas que desde siempre me han apasionado y que han sido ya expuestos de muchas maneras y en diversos estilos en las publicaciones anteriores de este blog. Como no pretendo crear cátedra en la materia (carezco de la habilidad literaria y de la inteligencia adecuada para pretender una empresa de tan excelsa y difícil magnitud) prefiero más bien que este escrito sea leído y entendido como un punto de partida para generar en el neófito la curiosidad intelectual necesaria. Así de humilde y modesto es mi aporte.   



Carátula de la edición alemana de Eumeswil


CIENCIA Y TÉCNICA VS ESTADO

La ciencia y la técnica resultan ser más aterradoras e igualadoras que el Estado benefactor promovido por las ideologías progresistas, porque tienen la facilidad de cumplir anhelos y caprichos de forma más rápida y uniforme, algo que ese dios casero llamado Estado aún le cuesta hacer. La ciencia y la técnica son temas recurrentes en la obra de Jünger debido a que su perfección resultan aniquiladoras e igualadoras.


TIRANÍA E IGUALITARISMO

El tirano es el principal igualador ya que promueve la igualdad como valor único. La figura del anarca se opone al igualitarismo radical porque propone la libertad como valor supremo y por lo tanto como deber individual; el alejamiento, el "emboscamiento" del individuo libre sobre la masa es el principal signo de libertad. Ahora bien, la libertad se entiende como deber porque la libertad no es sinónimo de "hacer lo que uno quiera" sino de "hacer lo que se debe hacer" (atención al verbo modal utilizado). La igualdad radical es además, el principal motor de los totalitarismo más sangrientos del siglo XX: nacional-socialismo y comunismo.


ANARCA VS ANARQUISTA

La figura del anarca, por lo tanto, difiere de la figura del anarquista porque el anarca no busca reformar la sociedad ni cambiar las cosas. El anarca va más allá de la "lucha de ideas" porque de alguna forma las ha superado, siendo soberano de su persona. Por esta razón, el abarca puede funcionar e inclusive trabajar de forma tranquila en cualquier tipo de régimen (el oficialismo y la oposición le tienen sin cuidado) porque es dueño y soberano de su persona (en alguna sección del libro se nombra la figura de Max Stirner y su concepto de der Einzige). Esta soberanía individual le permite ser relativamente independiente de los conceptos de gobierno y de Estado ya que no los necesita (muy al contrario del anarquista, del socialista, y del revolucionario), porque conoce - y acepta - la naturaleza imperfecta del ser humano. Empero, el anarca respeta y conoce el principio de autoridad porque a partir de este principio nace su propia autoridad e independencia. Por tanto, el igual del anarca no es el anarquista sino el monarca (se me ocurre en este instante que la palabra inglesa yeoman podría ser de alguna forma similar al concepto de anarca). Soledad, escepticismo y disciplina son las características prominentes del anarca.


INDIVIDUO Y SOCIEDAD

La dualidad individuo/sociedad se recrea perfectamente a lo largo de la obra. El anarca no es un individualista extremo ni tampoco un solipsista descarado; no le interesa crear para sí una imagen de "espíritu libre" o "librepensador" (a los tiranos les suelen gustar los títulos llamativos por cierto). El anarca puede vivir en sociedad porque no es huraño, pero tampoco le debe nada a ella porque sus valores le resultan indiferentes y vacíos (la inteligencia aísla, la estupidez congrega decía sabiamente Gómez Dávila). Darle la espalda a la sociedad, pero poder vivir "tangencialmente", sin involucrarse en sus valores, es la principal característica que Jünger le confiere al protagonista de su obra. De alguna manera, a la dualidad individuo/sociedad se contrapone la dualidad día/noche tan presente en la obra, y representada por las opciones de Martín/Manuel Venator como historiador y camarero de la alcazaba: Martin es el historiador, Manuel es el anarca; el historiador es el anarca, el camarero es el hombre libre; ambos se saben mandar porque ambos saben obedecer.