sábado, 29 de diciembre de 2012

Pensieri e parole IV

El populismo es arma polifacética: fanatiza a las muchedumbres, da de comer al funcionario, excita hasta el paroxismo al tonto útil, y de paso, arruina lo poco que queda de civilizado.

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La acusación de fascismo resulta hilarante y contradictoria cuando proviene de media humanidad aficionada a la ingeniería social.

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Con total respeto, podemos incluso arrinconar intelectualmente al tonto, ya que el tonto, no desaprovechará la más mínima oportunidad de arrinconarnos, sin ningún respeto.

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Ya que las excusas cubren y justifican al tirano, no debemos permitirnos bajo ninguna circunstancia que las excusas hagan parte de nuestra vida cotidiana.
Es preferible un tirano en el poder - y por lo tanto, una sola fuente de excusas - a una sociedad de miles y pequeños tiranos anhelantes de poder - y por lo tanto, mil fuentes de excusas tontas y sin sentido.

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Mundo ateo es mundo insensible o mundo sensiblero.

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Debemos ser totalmente abiertos y desinteresados con aquellos a los que ofrecemos lo mejor y lo peor de nuestro ser.

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La sensatez intelectual consiste en rechazar a los popes intelectuales de la universidad actual.

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Gritar a viva voz: "¡Estado laico! ¡Estado laico!" no nos convierte automáticamente en disidentes pero si nos hace particularmente gritones.

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Conviene ser un mal amigo para evitar el reato de conciencia de habernos convertido en una mala influencia.

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El que no juzga a los demás por cómo se ven, por cómo se visten, es un fascista en potencia.

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Sepulcral, aterrador, cómplice: como el silencio de la muchedumbre cuando se equivoca.

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Las causas justas, las causas buenas, al parecer están eximidas de todo, incluso de los buenos modales.

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La ceguera y la suficiencia del hombre políticamente comprometido resultan altamente encantadoras.
Ser de izquierda o ser de derecha es ser partidario de la misma causa: la causa del hombre práctico.


jueves, 20 de diciembre de 2012

Pensieri e parole III

Si lo que usted anhela son soluciones, entonces puede irse a la derecha o a la izquierda sin mayor problema. Hay unos pocos que queremos vivir limpiamente.

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El derecho a "la tierra ancestral" indica que el concepto de propiedad es mucho más importante de lo que sus detractores parecen aceptar.

¿O su importancia depende del propietario de esa propiedad?

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Sólo quedan la elegancia y la disciplina.

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Peor prejuicio que temerle a lo nuevo es el de temerle a lo antiguo, porque de lo antiguo sólo huye el egoísta que cree haberlo superado todo.

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Una persona que quiere complacer a todo el mundo es una persona que no sabe ni debe mandar.

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Ya que el moto perpetuo del posmodernismo es "confunde y vencerás", la sensatez intelectual consiste en no dejarse confundir, así no se venza.

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Nada más revelador de estos tiempos que el "librepensador" escandalizado: corre, grita, salta, chilla, empuja. llama a las armas, ajusticia, crea conciencia, lincha.  

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Contrario a la creencia común, hay personas y situaciones de las que uno no puede aprender absolutamente nada y que resulta conveniente rechazar sistemáticamente, como si de la peste se tratara. Es pura y simple salud mental.

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La desobediencia sistemática es simple y puro autoritarismo enmascarado.

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Que algún día todos vayamos a morir no significa que haya que vivir la vida de cualquier manera. Hasta en la mortaja se reconoce a aquél que vivió la vida, y aquél que permitió que la vida lo viviera.

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Si Dios no existe, hay Estado para reemplazarlo.

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Ciertamente no es pecado pero tampoco es una gran maravilla. Mi libertad no tiene porqué rendirse ante tu egoísmo encubierto.

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Creo haber encontrado el secreto para gozar del arte de vivir la vida: caballerosidad, elegancia, amabilidad y respeto. Ser bondadoso y caballeroso con quien pide de nuestra sensibilidad; ser altanero e insolente con quien demanda de nuestra altivez.


viernes, 30 de noviembre de 2012

Pensieri e parole II

En una época en la que todo el mundo cree ser muy inteligente, muy serio, muy comprometido, muy indispensable, que mejor antídoto contra la desazón que un toque de pesimismo mezclado con buen humor para evitar caer en el saco vacío del entusiasmo generalizado.

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El mundo moderno es tan cruel y tan violento que decide de tiempo en tiempo censurar la crueldad y la violencia con sus armas favoritas: la crueldad y la violencia.

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Al igual que muchos otros, también tengo "objeciones de conciencia". Lo que pasa es que éstas no coinciden en absoluto con las de mis contemporáneos, lo que me hace pensar si yo soy el que está mal o son ellos los que están mal. Llorar y lamentarse o disfrutar al máximo de esta individualidad a la vez terca e impoluta.

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La revolución es tan predecible, tan sistemática, tan arraigada, tan ortodoxa, tan mojigata, tan moralista, tan REACCIONARIA, que ya no sólo no sorprende ni escandaliza sino que genera un largo y pronunciado bostezo.

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¿Es rebelde aquel que desobedece o aquel que obedece? De cuando en cuando conviene ser esclavo.

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Las causas "a la mode" de hoy no sólo ganan siempre sino que envilecen sus medios y envilecen a sus seguidores para lograr el anhelado triunfo. Bajo esa perspectiva, la derrota es una opción más que respetable.

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La democracia no tolera al que se diferencia porque la diferencia es un lujo, y todo lujo es una aberración para el proyecto democrático. Todo lujo - o mejor, todo privilegio - traiciona el ideal comunitario del "todo para todos" de la democracia.

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Del Requiem de Mozart a la "lechona bailable"; de la "lechona bailable" a las pancartas de los ácratas, todo en menos de 24 horas. Una Facultad con sus jerarquías muy bien definidas.

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Cuando una frase empieza con "Es que lo que pasa es que..." es indicio de que se avecina lo peor, lo más tonto, lo más vil y despreciable, lo más abyecto e intolerable.

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Definitivamente no hay nada más totalitario que el entusiasmo generalizado.

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Nada que hacer: resulta curioso que el principal producto de consumo que el "imperialismo yanqui" le ha dado al mundo no son ni las multinacionales, ni las marcas de ropa deportiva, ni los restaurantes de comida rápida, ni la cultura pop a la MTV, ni un gran etcétera, sino las boberías intelectuales cocinadas en los departamentos de sociología norteamericanos. Es el único producto "imperialista" que la gente consume sin remordimientos, sin objeciones de conciencia, y en cantidades más que excesivas.

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Quere abolir el Estado pero a la vez exigir y reclamar sus jugosas subvenciones, es lo mismo que le puede suceder a aquel desdichado que decide escupir hacia arriba...

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Nada más autocomplaciente que pensar que todo es gratis. No sólo alguien va a terminar pagando lo gratis, sino que ese alguien - "¡que los otros paguen!" en lengua arengada - resulta siendo uno mismo.


sábado, 17 de noviembre de 2012

Pensieri e parole I

El problema no es que haya armas; el problema es mucho más grave y serio. La mezquindad aflora en el momento más inesperado, con armas o sin ellas.

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No hay época más decadente que aquella que cree no tener prejuicios.

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Muchos se preguntan y se asombran por mi "inacción" política, por mi "neutralidad", por mi ausencia de crítica ante los "males" e "injusticias" de la sociedad, por el hecho de no afiliarme a una ideología, por mi desinterés por buscar soluciones. Yo les contesto: sólo me interesa lo perenne, lo cortés, lo disciplinado, lo superlativo, me interesa la contundencia de lo monacal en oposición a la puerilidad del bullicio democrático; me interesa todo aquello que las fuerzas políticas y sociales de hoy no pueden ni podrán representar.

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Aquel que busca soluciones en la política no ha entendido la verdadera esencia de lo humano, porque lo humano  es simultáneamente amor, desprecio, sufrimiento, perdón, bondad, fuerza, fragilidad; lo humano es todo aquello que no configura un "marco de soluciones" sino un "sinfín de problemas". Lo verdaderamente humano es vivir y apropiarse del problema.

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Anular lo que no es práctico, eliminar lo que no es útil, es la marca indeleble de lo moderno; la marca de la bestia.

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Esa tendencia generalizada de la bondad a la fuerza, de querer ser buenos ciudadanos a las patadas, de querer eliminar todo sufrimiento porque la vida no es sufrimiento sino placer y gozo, no sólo es demostración del tipo de sociedad trivial, pueril y fácilmente manipulable en la que vivimos, sino que es caldo de cultivo predilecto del más perverso y retorcido de todos los totalitarismos: el totalitarismo de la emulación.
Lo verdaderamente hermoso de la bondad es que es callada, austera, queda, silenciosa, que no busca créditos ni retribuciones de ningún tipo, que no está en búsqueda de prosélitos sino que se encuentra ahí, en el aire, dispuesta a asirse de aquel que esté dispuesto a enfrentar el reto bajo sus difíciles condiciones de juego. La bondad es el reto más difícil de todos porque no habla en el idioma del triunfalismo; nos enfrenta con nuestra propia naturaleza y nos hace humanos. La bondad no es para nada ese tonto juego de autocomplacencia y arrogancia infantil en el que se ha convertido hoy.

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Me molesta sobremanera esa horrible confusión que impera hoy en día con respecto a los conceptos de bondad y justicia ¿Qué es la bondad? ¿Qué es la justicia?
La bondad y la justicia, como la cultura, son actos de una naturalidad pasmosa, sin trámites ni condiciones, sin letra menuda; no son una transacción bancaria. 
Considero al amor maternal como la máxima expresión de entrega abnegada y desinteresada, bondad y justicia en grado sumo.

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Ciertamente tengo ideales, pero sé con exactitud hacia dónde están apuntando porque conozco muy bien todo lo que amo y todo lo que desdeño. Tampoco es una declaración de derrota - ni mucho menos de triunfo - porque soy un hombre que que aún no se ha embriagado con la sidra posmoderna de lo "indestructible", porque reconozco  de sobra mis límites. Obedezco a un mandato superior y no a miles de mandatos subalternos y esto es lo único que me mueve en esta vida.

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Ante la innúmera horda de tontos útiles que abunda en este mundo, sólo queda como conclusión que hay una fuerte tendencia vocacional a ser funcionario.


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Ideologizar todos y cada uno de los aspectos de la vida es la forma como el hombre de hoy compra su libertad. La libertad que adquiere a su paso, es la llave maestra del totalitarismo de los tiempos que siguen.


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Al ciudadano del común le aterra la sociedad paternalista y despotrica de ella cada que puede. Paradójicamente, ese mismo ciudadano, anhela y exige un Estado paternalista y asistencialista.

¿Quién carajos entiende al ciudadano del común?


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Definitivamente hay que hacer las cosas muy bien pero no hay necesidad de tomarse demasiado en serio.
El problema del mundo moderno es que hace las cosas muy mal pero se toma demasiado en serio.

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Resulta curioso que las personas que más despotrican de la autoridad, las personas que se autoproclaman desobedientes y ácratas, son las mismas personas que tienen más deseos de imponer, de mandar.


domingo, 1 de abril de 2012

Reflexiones acerca del amor - Primera parte

"A pesar de todo, lo más increíble de las mujeres es que puedan soportar y amar a los hombres." - Nicolás Gómez Dávila


Como experiencia humana, como experiencia de vida, el amar y el ser amado constituye uno de los misterios más insondables y una de las razones más potentes y fundacionales del ser humano. El deseo, la pasión, la voluptuosidad, la carne, se entremezclan en una sola y poderosa sensación que es en gran medida la búsqueda de una aceptación en un medio hostil, o el hallazgo de comprensión mutua cuando las demás posibilidades se encuentran minadas por la voracidad insaciable de un mundo indolente.

Amar y ser amado, como búsqueda, como reto, es la cumbre más alta en la montaña, la realización total, la entrega absoluta, la certeza de saberse y estar completo, de ser el uno para el otro; el momento más cercano a la sensación de divinidad.

La docilidad, la sumisión y la entrega que  implica el amor son la verdadera sensación de estar vivos y por lo tanto la posibilidad más palpable de la bondad. Toda apologética del amor es en gran medida la apologética de la bondad. Entonces, ¿por qué arruinar tan noble sentimiento? ¿Por qué rechazar al otro que se entrega en totalidad? ¿Por qué derrotarse sin luchar? ¿Es el amor una carga abominable?

El amar y ser amado implica un compromiso en donde los involucrados pierden un poco o mucho de su ser, de su individuo, en respuesta a una atención y dedicación recíprocas que validen en buena parte la sinceridad del sentimiento mutuo. Esa pérdida mayor o menor del individuo es la muestra más grande de vocación y entrega y por lo tanto de que alguna manera ese amor es correspondido; es su prueba máxima de garantía. Esa pérdida de la propia identidad constituye, por otra parte, un deseo de ser "indispensable", de ser apoyo para el otro, el deseo de ser aceptado tal y como se es, razón por la cual, el amor verdadero resulta ser la renuncia del "yo" y la aceptación del "nosotros": un reto para personalidades valientes y titánicas.

Es evidente que hay problemas cuando el "nosotros" se decanta por el "yo" y es en ese desequilibrio donde el amor deja de ser entrega, bondad y aceptación y se convierte en una carrera contra el tiempo para no dejar extinguir la llama, para no dejar entrar a la distancia y por la tanto a la indiferencia, que es la medida justa de la caída y del fin.

¿Me entiendes? - Sí, te entiendo
¿Me escuchas? - Sí, te escucho
¿Me amas? - Sí, te amo
Entonces porqué no me hablas como antes - No lo sé

Respuesta lapidaria de un final incontrovertible. La neutralidad emocional es el indicio de la no-entrega y la muestra diáfana del desequilibrio en la balanza. Cuando hay desequilibrio, el amor se convierte en un juego sin emociones en donde sólo aflora cierta presión social por aparentar felicidad y dicha, en donde la neutralidad emocional es la coartada perfecta para evadir las fisuras de lo inevitable, y en donde la neutralidad emocional es una salida fácil a la obligación de luchar. La neutralidad emocional es por lo tanto el artificio de la debilidad para enfrentar la pérdida y la derrota con altura pero también es el recurso de la cobardía cuando la verdad del fin no resulta cómoda o aceptable. 

La neutralidad emocional es incompatible con el amor verdadero porque representa lo contrario a la entrega absoluta y por lo tanto es una negación palpable de la bondad.