sábado, 31 de mayo de 2014

Pensieri e parole VIII - The Power of Lynching I



Se debe asumir con madurez las consecuencias del estilo de vida que se haya elegido vivir.


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Hay que dejar dormir en el fondo del ser al tirano que todos llevamos dentro.

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Evitar y asquearse de la propaganda política. No hay ser más tiránico - nadie más satánico - que el activista político.

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Hay que evitar a las personas incisivas, enfáticas y beligerantes. Son tiranos e imperialistas en grado sumo.

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El único sacramento que no hay que tomar es el sacramento del sufragio universal.

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Es imperativo arrebatarles de las manos la música popular a los hipsters y a los "chapiyorkers".

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Las ideologías NO educan. Lo único que educa es el buen ejemplo, el sacrificio y la disciplina.

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No hay nada más disidente que el silencio de la belleza espiritual. Una catedral es más disidente que una manifestación.

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Se debe desconfiar de las personas que dicen no tener prejuicios. Es la gente más beata y puritana del universo.

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A la moda lisérgica, a la moda cannábica, no hay que responderle con escándalo de beato y de puritano, sino con el golpe titánico, con el sacudón telúrico, responderle con cierta sana alegría de vivir.

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Ich habe eine Musik auf meinen Kopf, die mich lässt nicht schlafen.

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Lo único más fracasado y perdedor que pelear por candidatuchos democráticos, es pelear por un cifrado, pelear por un acorde.

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Si quiere jugar el juego, tiene que aceptar sus reglas y sus consecuencias. En caso contrario, simplemente no juegue.

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En cualquier tipo de contienda, a veces se gana, a veces se pierde. El que no participa de la contienda no es culpable del triunfo de unos ni del fracaso de otros.

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Lo único que veo en las olas de indignación facebookiana es un montón de night vigilantes dispuestos a linchar.

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Al grito de batalla actual de: "¡Los buenos somos más!" hay que contraponer el de: "¡Los feos somos más!". El segundo es más sincero y cierto que el primero, además de que tiene la ventaja de estar libre de proselitismo.

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El delicioso encanto de la violencia juvenil. El delicioso encanto de la violencia contenida. El delicioso encanto de un puño crispado.

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Lo único que me desarma son los gestos de ternura inesperada de las personas más inesperadas.

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Llevo un buen rato sin dar y sin recibir un beso de amor porque decidí ser invisible.

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La tranquilidad inmensa de saber que no se tiene la razón. La tranquilidad inmensa de saberse profundamente ignorante.

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Lo que hay que educar es el gesto musical. Lo que hay que abandonar es el ser esclavos del cifrado.

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Nunca he votado y espero nunca volverlo a hacer. Soy superior a los gobernantes porque ninguno de ellos me representa ni representa lo quiero para mí y para mi vida. Mi vida requiere únicamente de mi propio gobierno.

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Señor democrático: no ponga su cruz ardiente en fuego en la puerta de mi casa. No merezco ser amarrado a un árbol ni ser linchado.

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La única forma de evitar el imperialismo del ser es decir con convicción: "Soy profundamente ignorante y no tengo la razón".

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Soy un egoísta porque decidí no sacrificarme al egoísmo colectivo.

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Lo bueno de los fracasos amorosos es que me vuelven más disciplinado y más riguroso. Que vengan más fracasos del corazón entonces.

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Ser un "ahí", ser uno más, ser un "Óscar Murcia", tiene la ventaja de que el tiempo se administra de mejor manera: no hay tiempo para las emociones fuertes; tampoco hay tiempo para lloriquear. 

El triunfo y el fracaso resultan indiferentes.

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No soy inteligente ni soy bruto. No soy hermoso ni soy feo. No soy blanco ni soy indio. No soy fuerte ni soy débil. No soy flaco ni soy gordo. No despierto admiraciones profundas ni genero odios exacerbados. Soy de una normalidad tan normalmente normal que me asusta ser tan normalmente normal.

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Mi escuela pedagógica se resume así: "Como no estoy bueno, me toca ser bueno. Y aunque estoy muy lejos de ser bueno, estoy seguro que estoy lejos de ser malo".

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Hay vidas que requieren de pedal de distorsión; hay vidas que carecen de true bypass.

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La "titulitis", la corrección política, la mentalidad de negocio, la ideologización del saber, mataron a la Universidad. Lo más intenso y gratificante intelectualmente está por fuera de la Academia. 

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Al carecer de esa obsesión moderna por el poder, administro de la mejor manera el poco poder que tengo. Son únicamente peligrosos aquellos seres que tienen mucho poder y abusan de él, o aquellos seres que no tienen ningún poder y lo anhelan profundamente. 

Unos por cínicos, otros por envidiosos.

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A mis contemporáneos se les va a ir la vida en probar todo, en saber "qué se siente". A mí, en cambio, se me va a ir la vida tratando de sentir lo que ellos no han podido sentir.

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Al escándalo gratuito y fácil que pretende con sus acciones y declaraciones el "open-minded", el "libre pensador", el "aprendiz de disidente", el "espíritu libre", se debe responder con un buen bostezo de indiferencia.

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No muestro la cara pero doy la cara. Todos saben quién soy y cómo soy.


domingo, 9 de marzo de 2014

Algunas breves reflexiones sobre el libro Eumeswil de Ernst Jünger

Ernst Jünger (1895-1998)

A las figuras recurrentes del trabajador (der Arbeiter) y del "emboscado" (der Waldgänger), la figura del anarca (der Anarch) resulta definitiva en el entendimiento de la obra literaria de Ernst Jünger (1895-1998), no sólo por sus fuertes reminiscencias autobiográficas, sino también porque plantea de forma contundente una sana posición con respecto al poder (no sólo a su tenencia sino a su anhelo) en tiempos donde no resulta fácil plantear una independencia de pensamiento verdadero. Publicada en 1977 por la casa editorial Klett-Cotta Verlag, la novela Eumeswil presenta la figura del anarca en la persona de Martin/Manuel Venator, historiador y camarero de la alcazaba del Cóndor, tirano de turno de Eumeswil, un lugar imaginario probablemente ubicado en el norte de África. Las relaciones entre el tirano y su subalterno son el principal eje argumentativo de la novela, pero también, son el punto de partida para la exposición por parte de Jünger - en boca de su alter ego literario - de su posición con respecto al ejercicio del poder y de la autoridad, y de los peligros del exceso de uno y otro. Huelga decir que resulta además una obra reveladora con respecto a los acontecimientos históricos más relevantes de las últimas seis décadas.  

Más que un resumen literario o un comentario crítico, pretendo con este breve escrito (redactado a la manera de puntos y temas) dar a conocer una serie de conclusiones a las que he llegado después de la lectura de esta obra definitiva de la literatura alemana. Trato de dilucidar, por otra parte, el poderoso influjo que esta obra tiene sobre mí y sobre mi posición particular con respecto al poder y sus esbirros, además de su conexión obvia con temas que desde siempre me han apasionado y que han sido ya expuestos de muchas maneras y en diversos estilos en las publicaciones anteriores de este blog. Como no pretendo crear cátedra en la materia (carezco de la habilidad literaria y de la inteligencia adecuada para pretender una empresa de tan excelsa y difícil magnitud) prefiero más bien que este escrito sea leído y entendido como un punto de partida para generar en el neófito la curiosidad intelectual necesaria. Así de humilde y modesto es mi aporte.   



Carátula de la edición alemana de Eumeswil


CIENCIA Y TÉCNICA VS ESTADO

La ciencia y la técnica resultan ser más aterradoras e igualadoras que el Estado benefactor promovido por las ideologías progresistas, porque tienen la facilidad de cumplir anhelos y caprichos de forma más rápida y uniforme, algo que ese dios casero llamado Estado aún le cuesta hacer. La ciencia y la técnica son temas recurrentes en la obra de Jünger debido a que su perfección resultan aniquiladoras e igualadoras.


TIRANÍA E IGUALITARISMO

El tirano es el principal igualador ya que promueve la igualdad como valor único. La figura del anarca se opone al igualitarismo radical porque propone la libertad como valor supremo y por lo tanto como deber individual; el alejamiento, el "emboscamiento" del individuo libre sobre la masa es el principal signo de libertad. Ahora bien, la libertad se entiende como deber porque la libertad no es sinónimo de "hacer lo que uno quiera" sino de "hacer lo que se debe hacer" (atención al verbo modal utilizado). La igualdad radical es además, el principal motor de los totalitarismo más sangrientos del siglo XX: nacional-socialismo y comunismo.


ANARCA VS ANARQUISTA

La figura del anarca, por lo tanto, difiere de la figura del anarquista porque el anarca no busca reformar la sociedad ni cambiar las cosas. El anarca va más allá de la "lucha de ideas" porque de alguna forma las ha superado, siendo soberano de su persona. Por esta razón, el abarca puede funcionar e inclusive trabajar de forma tranquila en cualquier tipo de régimen (el oficialismo y la oposición le tienen sin cuidado) porque es dueño y soberano de su persona (en alguna sección del libro se nombra la figura de Max Stirner y su concepto de der Einzige). Esta soberanía individual le permite ser relativamente independiente de los conceptos de gobierno y de Estado ya que no los necesita (muy al contrario del anarquista, del socialista, y del revolucionario), porque conoce - y acepta - la naturaleza imperfecta del ser humano. Empero, el anarca respeta y conoce el principio de autoridad porque a partir de este principio nace su propia autoridad e independencia. Por tanto, el igual del anarca no es el anarquista sino el monarca (se me ocurre en este instante que la palabra inglesa yeoman podría ser de alguna forma similar al concepto de anarca). Soledad, escepticismo y disciplina son las características prominentes del anarca.


INDIVIDUO Y SOCIEDAD

La dualidad individuo/sociedad se recrea perfectamente a lo largo de la obra. El anarca no es un individualista extremo ni tampoco un solipsista descarado; no le interesa crear para sí una imagen de "espíritu libre" o "librepensador" (a los tiranos les suelen gustar los títulos llamativos por cierto). El anarca puede vivir en sociedad porque no es huraño, pero tampoco le debe nada a ella porque sus valores le resultan indiferentes y vacíos (la inteligencia aísla, la estupidez congrega decía sabiamente Gómez Dávila). Darle la espalda a la sociedad, pero poder vivir "tangencialmente", sin involucrarse en sus valores, es la principal característica que Jünger le confiere al protagonista de su obra. De alguna manera, a la dualidad individuo/sociedad se contrapone la dualidad día/noche tan presente en la obra, y representada por las opciones de Martín/Manuel Venator como historiador y camarero de la alcazaba: Martin es el historiador, Manuel es el anarca; el historiador es el anarca, el camarero es el hombre libre; ambos se saben mandar porque ambos saben obedecer.