En una época en la que todo el mundo cree ser muy inteligente, muy serio, muy comprometido, muy indispensable, que mejor antídoto contra la desazón que un toque de pesimismo mezclado con buen humor para evitar caer en el saco vacío del entusiasmo generalizado.
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El mundo moderno es tan cruel y tan violento que decide de tiempo en tiempo censurar la crueldad y la violencia con sus armas favoritas: la crueldad y la violencia.
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Al igual que muchos otros, también tengo "objeciones de conciencia". Lo que pasa es que éstas no coinciden en absoluto con las de mis contemporáneos, lo que me hace pensar si yo soy el que está mal o son ellos los que están mal. Llorar y lamentarse o disfrutar al máximo de esta individualidad a la vez terca e impoluta.
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La revolución es tan predecible, tan sistemática, tan arraigada, tan ortodoxa, tan mojigata, tan moralista, tan REACCIONARIA, que ya no sólo no sorprende ni escandaliza sino que genera un largo y pronunciado bostezo.
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¿Es rebelde aquel que desobedece o aquel que obedece? De cuando en cuando conviene ser esclavo.
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Las causas "a la mode" de hoy no sólo ganan siempre sino que envilecen sus medios y envilecen a sus seguidores para lograr el anhelado triunfo. Bajo esa perspectiva, la derrota es una opción más que respetable.
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La democracia no tolera al que se diferencia porque la diferencia es un lujo, y todo lujo es una aberración para el proyecto democrático. Todo lujo - o mejor, todo privilegio - traiciona el ideal comunitario del "todo para todos" de la democracia.
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Del Requiem de Mozart a la "lechona bailable"; de la "lechona bailable" a las pancartas de los ácratas, todo en menos de 24 horas. Una Facultad con sus jerarquías muy bien definidas.
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Cuando una frase empieza con "Es que lo que pasa es que..." es indicio de que se avecina lo peor, lo más tonto, lo más vil y despreciable, lo más abyecto e intolerable.
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Definitivamente no hay nada más totalitario que el entusiasmo generalizado.
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Nada que hacer: resulta curioso que el principal producto de consumo que el "imperialismo yanqui" le ha dado al mundo no son ni las multinacionales, ni las marcas de ropa deportiva, ni los restaurantes de comida rápida, ni la cultura pop a la MTV, ni un gran etcétera, sino las boberías intelectuales cocinadas en los departamentos de sociología norteamericanos. Es el único producto "imperialista" que la gente consume sin remordimientos, sin objeciones de conciencia, y en cantidades más que excesivas.
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Quere abolir el Estado pero a la vez exigir y reclamar sus jugosas subvenciones, es lo mismo que le puede suceder a aquel desdichado que decide escupir hacia arriba...
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Nada más autocomplaciente que pensar que todo es gratis. No sólo alguien va a terminar pagando lo gratis, sino que ese alguien - "¡que los otros paguen!" en lengua arengada - resulta siendo uno mismo.
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